LA ESPIRITUALIDAD PROHIBIDA XII
Julio 30, 2008 por Webmaster
Por Félix Sautié Mederos. E-Mail: fsautié@yahoo.es
La pasión de Santo Domingo de Guzmán, su entrega total a sus sentimientos místicos, las ideas de Santo de Tomás de Aquino sobre el libre albedrío que para mí rompían con los fatalismos derivados de las concepciones del Kempis en cuyos marcos de referencia mi mística mítica se había desarrollado y el atractivo que significó la cercanía de aquellos frailes dominicos de la época al trabajo de la JEC con su frescura de criterios y modos de actuar, se convirtieron en un imán que me atrajo con mucha fuerza a la idea de profesar como fraile predicador. Un factor muy importante que motivó e intensificó esta atracción hacia San Juan de Letrán, resultó ser el desencanto que me producían las cerrazones y los esquemas que veía reflejados en las angustias del Hermano Ramón Lorenzo, con quien incluso llegué sostener una correspondencia fluida cuando lo destinaron a otras ubicaciones tratando de doblegar sus propósitos y sentimientos. Todas estas circunstancias confluyeron con las realidades políticas que se estaban viviendo en el país en las que pensar con propio criterio era muy peligroso.
Eso del pensamiento propio que parte de la conciencia y de las convicciones asumidas ha sido y es una constante que me ha enfrentado con las dependencias que exigen lealtades ciegas más allá de los principios y mi opción por San Juan de Letrán en esos momentos fue una instintiva reacción de rechazo al ambiente integrista del Nacional Catolicismo que me rodeaba en el colegio. Entonces no lo había definido con estos adjetivos, pero lo que vivía y la forma de aplicar los conceptos de la espiritualidad me intuían que aquello no debía ser así como me estaban formando. En cambio en las conversaciones y los encuentros en el hermoso claustro conventual que semanalmente realizábamos para conversar sentados en los sillones que aún hoy allí existen, en búsqueda de otras formas de analizar y de ver los problemas que abrieran para nosotros otras perspectivas más promisorias al respecto de nuestras preocupaciones. Allí encontrábamos un sentido abierto de la acogida, que no se alarmaba por nuestras dudas. Aquellos frailes hablaban normalmente sin la retórica afectada por el Kempis, nos respetaban en nuestro pensamiento y nos trataban de igual a igual, dejando atrás la distancia ministerial en la que nos habíamos estado educando. Esto lo ponían en práctica sin descuidar la mística sacramental y el amor por María nuestra Madre Celestial. Vimos y percibimos cómo todos respetaban al Prior, al padre Argüeso, hoy en la Casa que no se Acaba, de quien guardo un hermoso recuerdo. Él mantenía su autoridad a distancia, no intervenía directamente en nuestros encuentros, tampoco hacía sentir su cargo con gestos y con palabras fuertes, sino que sencillamente estaba allí con su ejemplo y su dignidad, y eso era suficiente para que todos lo respetáramos. Por lo menos esta es mi percepción, quizás la de los otros que asistíamos no fuera similar, pero yo planteo sencillamente la mía desde la cual actué entonces en consecuencia y cuando lo analizo en la actualidad así lo interpreto. La suya era una forma indirecta de mantener los límites y el respeto, que se manifestaba en los hechos ejemplares y en el dejar actuar a quienes le estaban subordinados. Esto aseguraba que nosotros no sintiéramos un yugo autoritario, lo que nos hacía volver y volver. Siempre regresábamos a buscar aquellos aires de libertad espiritual, que hoy comprendo eran verdaderos reflejos de los conceptos del libre albedrío más allá y por encima de las viejas actuaciones de la inquisición que nos plantaba la historia. Es que en aquella Orden, ayer desde su fundación y hoy en el presente en que me encuentro, la pasión por la verdad siempre se ha mantenido viva y ha interactuado dialécticamente contra las fuerzas contradictorias y opresoras. Ahora en la profundidad del tiempo analizo la paradoja que aquellas primera visitas y mi decisión de continuar frecuentándolo significaban, pues me movía en dirección de una Orden mucho más vieja en el tiempo que la Congregación de los Hermanos Maristas, que incluso tuvo implicaciones muy importantes en los juicios de la época de la inquisición en Europa, pero que había dado a un Tomás de Aquino, un Fray Bartolomé de las Casas y muchos más frailes más que han marcado su época con un talante de amor por la verdad, y por la justicia para toda la humanidad, expresado por medio de un ejemplo muy importante para nosotros, que fue su lucha en contra de la esclavización de las culturas aborígenes americanas. Algo que tenía muy cercano, de lo cual había disertado prolijamente el buen Hermano Guillermo, quien como les expliqué era mejicano y sembró entre sus alumnos un gran amor por nuestra América. Aquel convento San Juan de Letrán en el Vedado habanero, cuando lo visité por primera vez me causó una impresión muy especial que ha permanecido subyacente en mi ser interior. Allí encontré dentro de sus muros una gran paz espiritual y un silencio muy característico. Los ruidos del mundo que distorsionan nuestros sentimientos quedan fuera de sus claustros y principalmente de su hermoso templo. Es algo místico difícil de explicar con palabras, porque en mi criterio los vocablos y las grafías no son formas suficientemente explícitas para describir hacia la realidad exterior las sensaciones del espíritu que van más allá de la materia. Eso solo podría comunicarse con el lenguaje del espíritu. Es una sensación de tranquilidad, confianza y esperanza que me fortalece en mi caso muy específico, para enfrentar a la adversidad y las pruebas que me interpone la vida en una sucesión interminable. Así es que lo percibo y trato dejarlo expresado en este testimonio para quienes intenten comprenderlo; en tanto que, los que así no lo crean o no lo sientan en definitiva, solo aspiro a que sepan lo que considero al respecto de ese lugar y del ámbito espiritual que allí se manifiesta. Yo considero que es un privilegio de la fe la posibilidad de experimentar estas sensaciones espirituales y místicas que dan alimento y aportan sentido a la vida. Son experiencias místicas que fortalecen nuestro ser interior en su peregrinaje terrenal. Un comportamiento que solo concibe las cosas materiales, que deja a un lado lo trascendente de la existencia humana, es a la larga en mi criterio una forma espiritual de vivir empobrecido moralmente y triste en su conjunto, que con el tiempo puede convertirse en un verdadero vacío cotidiano, sobre todo cuando uno va terminando su peregrinaje y le llega el momento de descansar. Es entonces cuando tener un sentido muy claro de la vida espiritual que va más allá del tiempo, nos permite alcanzar una tranquilidad de espíritu profunda y nos infunde más confianza en el futuro que nos queda por delante. Además conforma las esencias básicas de lo que podríamos denominar como la felicidad de haber vivido. Quedarse sin objetivos y sin razones que nos impulsen a continuar adelante, es caer en el hastío y en la nada. Hubo un encuentro en aquella época en San Juan de Letrán que me causó honda impresión que fue con Fray Alberto Colunga Cueto OP, co autor con Eloino Nácar Fuster de una versión directa del texto original griego del Nuevo Testamento, que entonces le había traído algunos problemas con las jerarquías que ni siquiera querían que alguien con capacidad para ello planteara un análisis y una interpretación actualizada con la época de la Biblia. Colunga estuvo silenciado por decisión de los órganos encargados de estos asuntos en la Iglesia de la época. A nosotros los que habíamos decidido frecuentar semanalmente el Convento en búsqueda de verdad y de alimento espiritual para nuestras ideas, nos habían llegado desde lejos aquellas referencias y el breve tránsito de Colunga por San Juan de Letrán fue todo un acontecimiento pues íbamos a conocer a un autor epónimo, a un fraile dominico que estaba haciendo historia por el ejercicio de su pensamiento y enfrentando sus consecuencias. Incluso debo confesarles que hoy cuando han transcurrido tantos años no recuerdo exactamente la fecha de su tránsito solo que fue en aquellos felices momentos. Los actuales frailes de San Juan Letrán tienen la referencia de aquella importante visita, pero ninguno de ellos estaban entonces, incluyendo a Fray José Fernández OP, el padre Pepe, que aún hoy está presente en el Convento habanero, pero que en aquellos días se encontraba en España. Colunga me causó una honda impresión porque tuve la oportunidad de una entrevista personal con él, en virtud de que presentaron como un joven dirigente de Acción Católica que aspiraba a ser dominico. Debo confesarles también que el recuerdo del encuentro que tengo en el tiempo, realmente no me aportó ningún nuevo criterio sobre su interpretación del Evangelio; de eso no se habló y fue en los años 60 que por fin tuve en mi poder un ejemplar que aún conservo de su Nuevo Testamento, el que he estudiado a profundidad y tengo subrayados y anotados todos sus comentarios que me han sido de gran valor para mis estudios teológicos. El encuentro con Colunga fue una confesión personal mía, una absolución suya y un estímulo para que continuara adelante en mis inquietudes vocacionales y que no cejara nunca en la pasión y la búsqueda de la verdad. Posteriormente muchos años después cuando yo había peregrinado por múltiples caminos encontrados contradictoriamente, hubo un nuevo encuentro con otro fraile dominico que también me causó una gran impresión sobre el que publiqué varias crónicas: Fray Thimothy Radcliff OP en marzo del 2007. El padre Thimothy cincuenta y tantos años después, viviendo yo mi tercera edad, retroalimentó mi sentido de la mística y de la espiritualidad. Sus sencillos pero profundos secretos sobre la verdad, el valor de lo pequeño que es fermento de vida, así como el título de “La espléndida sorpresa de la verdad” y el contenido del Seminario que nos impartió los días 14 y 15 de marzo del 2007, así como su conferencia magistral y encuentro en el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT) del cual soy profesor en la actualidad, resultaron una resiembra fecunda para mi espiritualidad y mi sentido místico de la existencia. De ese encuentro memorable que hizo florecer de nuevo mi valoración por San Juan de Letrán, tal y como les dije más arriba, escribí varias crónicas, que no quiero dejar de consignar como testimonio de lo que estoy escribiendo y que quizás si por fin convierto en un libro a estos testimonios que semanalmente estoy publicando en el Suplemento Unicornio del periódico POR ESTO!, de Mérida, Yucatán, México, las adjunte en un anexo, cito brevemente su título, medio y fecha de publicación con algunos párrafos de síntesis que pueden dar idea de lo que planteo al respecto: - Los secretos de Fray Thimothy, crónica publicada en El Puerto Información, Cádiz, España, el lunes 26 de marzo 2007, sección de Opinión. “..,No hace falta mucho espacio para sintetizar la expresión de sus secretos. Los cristianos frente a las agudas crisis del mundo, tenemos una respuesta de verdad y de esperanza porque: Creemos en el triunfo del bien sobre el mal; en el advenimiento del Reino de Dios que es un reino de amor, paz y justicia verdaderas; en el triunfo definitivo del Amor; en la certeza de que la verdad siempre se habrá de saber y de imponer. No podemos predecir cómo va a suceder todo, pero sabemos bien cual es el final y estas certezas infunden la fuerza y el valor necesario para sobreponernos sobre el miedo y cualquier amenaza, para trabajar juntos, sin violencia alguna, al objeto de edificar un mundo mejor con el uso de los pequeños signos que Jesús nos enseñó a hacer. Tan sencillo como tan profundo. ¿Verdad?…” - Una Respuesta básica, crónica publicada en El Puerto Información, Cádiz, España, el lunes 2 de abril del 2007, sección de Opinión. …Fueron momentos de gran paz interior y de mucha emoción esparcida por todo el templo, la Catedral Episcopal de la Santísima Trinidad que cada sábado nos acoge a todos para estudiar las ciencias teológicas y sociales. Debo confesarles que durante la semana precedente, había estado muy abatido y presionado dadas las circunstancias que actualmente vivimos en La Habana, rodeados de múltiples operativos y contingencias que buscan ilegalidades e indisciplinas por todas partes, los que en mi opinión personal potencian en la realidad un ambiente que nos hace sentir encerrados, controlados, entristecidos y empobrecidos con la idea de que no podemos salir adelante por nosotros mismos….…. En esos momentos tampoco pude dejar de pensar en las conferencias que el sacerdote dominico Fray Timothy Radcliffe O.P. nos dictó la semana pasada en La Habana, sobre las cuales hube de escribirles una crónica titulada “Los Secretos de Fray Timothy”. De lo mucho que nos dijo entonces el inolvidable fraile, quiero citarles su planteamiento de que el Cristianismo nació en medio de una gran crisis, porque el jueves santo, Jesús se quedó traicionado, solo y abandonado por sus discípulos y seguidores, e incluso Pedro quien sería su primer Vicario llegó a negarlo tres veces. Pero Jesús Dios y Hombre verdaderos, durante la cena nos entregó en las especies del pan y del vino su propia vida, como expresión de la confianza en que siempre Dios nos sostendrá y que en el futuro viviremos en su Reino que será de amor, paz y justicia verdaderas. Por eso, como nos planteó Fray Timothy los cristianos tenemos mucho que decir sobre la esperanza al mundo en general….. - Mi reflexión de Semana Santa, crónica publicada en El Puerto Información, Cádiz, España, el lunes 9 de abril del 2007, sección de opinión. …Yo percibo en cada vivencia de éstas que les relato la cercanía de un Adviento que definitivamente llegará, quizás aún el camino que nos separa de ese futuro se encuentre entorpecido por escollos, dificultades, nuevas angustias y nuevos sufrimientos pero puedo decirles que en este Domingo de Ramos como nunca antes se me hizo evidente la posibilidad de lograrlo porque las cosas grandes solo se alcanzan cuando las personas que las necesitan se convencen de que pueden hacerlo y eso lo percibí en la fe y la confianza del pueblo que nos desbordó. Quizás aún estoy muy influido por las prédicas que hace algunas semanas realizó en La Habana Fray Timothy Radcliffe de la Orden de Predicadores, quien insistió que la fe y la confianza en Dios nos proporciona el convencimiento y la seguridad que necesitamos para hacer lo que tenemos que hacer y enfrentar a las dificultades que se nos interponen para lograr que el Amor, la verdad, la paz y la justicia se alcancen definitivamente… - Resucitar en la Esperanza, crónica publicada en El Puerto Información, Cádiz, España, el lunes 16 de abril del 2007, sección de opinión. …. Actualmente, en cambio, no me avergüenzo para nada en decir que ya de viejo choqué, después de grandes angustias y profundas heridas, de nuevo ahora con gran estrépito con la realidad trascendente de Jesús de Nazaret, Dios y Hombre verdaderos y hoy después de celebrar la Pascua de Resurrección del año 2007 en medio de grandes incertidumbres que nos acechan en la Cuba contemporánea, comprendo mejor que un importante símbolo externo de este reencuentro lo sentí profundamente en 1998, cuando me enfrenté con una pancarta gigantesca erigida en la Plaza de la Revolución de La Habana con la figura de un Jesús que nos observaba a todos, extraordinariamente expuesta después de largos años de ateísmo científico oficial, con motivo de la visita de Juan Pablo II a Cuba. Entonces no pude impedir que la emoción y el llanto copioso anudaran mi garganta sin importarme el lugar público ni mi historia ni mis responsabilidades ocupadas durante tantos años. En este orden de pensamiento, debo confesarles también que el paso del sacerdote dominico Fray Timothy Raddiclffe y sus prédicas profundas sobre la importancia de los pequeños signos y de los símbolos en la lucha por un mundo mejor me han hecho recordar con fuerza ese choque de entonces que fue para mí un signo de resurrección. Nosotros también lo habíamos crucificado como si Él fuera algo extraño y dañino para nuestras luchas a favor del pueblo, incluso lo teníamos sepultado y comprendí místicamente que de nuevo emergía como Camino, Verdad y Vida….Hay lugares físicos que tienen un simbolismo, una impronta y unas energías espirituales que flotan en su ambiente. Considero que cuando se posee una espiritualidad sensible, estas esencias se nos manifiestan tan pronto visitamos esos espacios físicos. Para mi San Juan de Letrán es uno de esos ámbitos y allí cada vez que voy siento la presencia del Espíritu de Dios. A veces pienso que es una verdadera lástima que quienes son descreídos, no puedan experimentar estas experiencias místicas que enriquecen a la existencia. Por eso escribo y testimonio mis vivencias al respecto, las que quiero transmitir y dejarle constancia a los que vienen detrás de mi. Creo que escribir unas memorias o testimonios constituye una importante responsabilidad con el futuro y que la franqueza para contar las experiencias y los sentimientos que se han experimentado en el tiempo es una obligación ineludible, aunque no las compartan todos los que nos leen. Eso siempre es lógico dada la diversidad del pensamiento que constituye una verdadera riqueza de la vida. En nombre de esa diversidad del pensamiento es que expreso estos criterios y consideraciones sobre la espiritualidad, la mística y lo que significan al respecto determinados lugares físicos. Quizás estas razones sean las que en esta época en que escribo estos testimonios (abril del 2008), el Convento San Juan de Letrán convertido en un centro de estudios, de búsqueda por la verdad con sus cursos regulares llenos de jóvenes que quieren conocer los enfoques y los conocimientos que no encuentran en los cursos regulares de los sistemas educacionales y formativos del país, constituye una luz en el camino, un encuentro con las otras dimensiones que tiene la verdad y que los allí asisten asiduamente quieren ver en función de su propio libre albedrío que los impulsa a buscar en lo que no les dicen, en lo que no les explican. En general, considero que quieren poder hacerse una idea por sí mismos de las razones que dan fundamento a la vida. Por otra parte, los encuentros que propician el diálogo de los que tienen una obra de vida, un conocimiento de la historia, de la filosofía y de la Cultura en general, que desde hace ya varios años se realizan mensualmente en el Aula Fray Bartolomé de las Casas de aquel convento, abiertos a todos los que quieran asistir, han estado enfrentando el vacío de encuentros y de tertulias en los cuales se pueda expresar el pensamiento propio y contrastarlo con los demás. Esto es siembra al estilo de la Parábola Evangélica El Sembrador, con la técnica que se define como a boleo, sin mirar para el surco, de forma que caiga en todo el campo para que el aprovechamiento sea de quien la acepta y se preocupa por cultivarla. En el Claustro hoy, vemos colgados en pancartas ubicadas en sus paredes señalamientos y datos sobre la historia de los dominicos en Cuba que en los años 50 no estaban, y que hoy forman parte de la mística ambiental que acoge a todos los que allí estudian o lo visitan simplemente para asistir a una conferencia, a un encuentro o bien para colmar su curiosidad. Me tomo el trabajo de parafrasear los que considero más conformadores del ambiente, de la impronta y del talante del lugar. Uno es el pensamiento de Santo Tomás de Aquino que precede a la entrada del Salón de Actos y que expresa que la verdad diga quien la diga viene del Espíritu Santo. También en un costado destacado se puede ver el planteamiento de José Martí con el calificó en su época a la Orden de Predicadores, diciendo que los dominicos eran siempre amorosos y buenos hasta para América. El colofón .lo percibe el visitante en el hermoso mural que preside el salón de actos: un indio caribeño acogido por un fraile dominico, que bien puede representar a Fray Bartolomé de las Casas, a Fray Antón de Montesinos o a cualquiera de los frailes dominicos de aquella época, muy especialmente a los hermanos de convento de Fray Antón de Montesinos que en la ciudad de Santo Domingo, hoy República Dominicana, firmaron solidariamente su famoso Sermón de Adviento en el que se denunció la acción de los colonizadores que esclavizaban y exterminaban sin piedad a los aborígenes caribeños. La frase de Fray Antón que lo preside todo ,es en la que impugna a los colonizadores con la pregunta que parafraseo: …aquestos indios ¿es que no son hombres?… complementa todo el sentido místico de ayer y de hoy que se mantiene vivo en aquel convento del Vedado habanero y que embarga a los visitantes dispuestos a asimilarlo. El soporte material y ambiental que la espiritualidad y la mística inspiradoras y propiciadoras que habitan y se manifiestan en determinados lugares de culto ya sean templos, conventos, capillas o sencillamente sitios, está vivo y presente en San Juan de Letrán, y hoy cuando escribo mis memorias y hablo de cosas de hace más de 50 años, sobre mis encuentros en el San Juan de Letrán de ayer y los contrasto con los de hoy, comprendo mejor desde el punto de vista teológico y vivencial estas impresiones que estoy intentando dejar testimoniadas y que en mi criterio van más allá de las dimensiones espacio-temporales en que manifiesta el diálogo de la razón con la fe, para ubicarse en otra dimensión a la que solo se puede ascender por la vía de los sentimientos y de la conciencia de la espiritualidad que nos resulta intrínseca, debido a nuestra condición humana que es única dentro de todas las especies vivas que habitamos nuestro planeta. Debo decir también que muchos años después de aquellos encuentros de finales de la década de los 50, en una ocasión cuando de nuevo entré en el templo del Convento llevando de manos hacia el altar a mi hija Elenita para su boda, (abril del 2003) mientras caminaba lentamente por el pasillo central, experimenté con gran fuerza una sensación muy especial, fueron muchos los sentimientos y los recuerdos que vinieron a mi mente. No podía olvidarme entonces de los sueños que allí había fraguado y de los saltos y las confrontaciones que hasta esos instantes me había deparado el devenir de mi realidad cotidiana de muchos años, que me fueron abriendo nuevos caminos, nuevas posibilidades que nunca pude imaginar. El lugar y las circunstancias confluyeron de forma propicia para un sentimiento verdaderamente trascendental que no quisiera que quedara en el olvido hoy cuando escribo estas memorias. La decisión del templo para la boda y del ministro que la ofició (Fray Jesús Espeja) había sido adoptada por mi hija y mi yerno a propuesta mía y aquello me había hecho muy feliz. De nuevo sentí que el espíritu de Dios estaba presente y días después lo escribí en una crónica publicada el lunes 1 de Septiembre del 2003 en el periódico El Puerto Información de Cádiz, España, Sección de Opinión. Cito un pedazo que no quisiera pasar por alto en este capítulo: “algunas veces he pensado mucho sobre las bifurcaciones de caminos, circunstancias y coyunturas que influyen en nuestro peregrinaje por este mundo, determinando cambios y giros existenciales que nunca habríamos podido imaginarnos y que confirman aquello que Goethe plantea en su mitológica obra Fausto, de que toda teoría es gris y solo es verde el árbol de dorados frutos que es la vida, porque a fin de cuentas cuando transcurre el tiempo y uno vuelve mentalmente sobre lo pasado, puede identificar las vueltas experimentadas en el devenir de nuestras vidas. Estos pensamientos se me agolparon con fuerza hace algunos días cuando mi hija marchaba cogida de mi brazo para entrar en el hermoso templo del convento dominico de San Juan de Letrán en La Habana, con la finalidad sacramental de jurarse públicamente ante Dios y los seres humanos, amor eterno con su novio. Esta circunstancia fue muy emotiva para mi, pues en otra época que cada vez se me hace más lejana como 1954, 55 y 56 en que cursaba el bachillerato y transcurrían años muy complicados en La Habana de entonces, yo era visita primero frecuente y después casi diaria de aquel mismo Convento de los dominicos en el Vedado Habanero, con vistas a prepararme para comenzar una vida de fraile en la que me proponía hacer realidad el sueño de orar y predicar, predicar y orar. Después las luchas estudiantiles, la insurrección armada y las coyunturas históricas sociales del momento hicieron de mí un hombre de acción revolucionaria que marchó en pos del ideal de tomar por asalto al cielo, y ahora transcurridos casi 50 años, en medio de un cielo tambaleante y también complicado en el que además se prescindió de Dios al ser sustituido por una secularización extrema que dio pábulo al vacío y la desesperanza espiritual, me observo en mi presente condición del guerrero que cambió las armas y las retóricas de los debates enconados, por la búsqueda de la reconciliación, del entendimiento, y del amor por sobre todo, en un nuevo giro existencial en el que he adquirido una más clara conciencia de cuanta verdad encierran aquellas palabras de Jesús de Nazaret, cuando dijo “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies para que envíe obreros a su mies.”, las que recuerdo inmerso en las realidades mías de hoy cuando coincidentemente recibo un mensaje de un querido y muy cercano religioso claretiano que desde Guatemala, me habla de la profesión de votos de un joven amigo habanero, que constituye la primera después de 34 años sin que ningún otro cubano tomara los hábitos claretianos para hacerse sacerdote. Todo esto se me ha reunido interiormente al escribirles hoy mi crónica semanal y no puedo dejar de relacionarlo y compartirlo con ustedes queridos lectores, para tratar de acercarlos más a dos momentos de mis realidades cotidianas, que suceden a contrapelo de los aislamientos y de los escenarios creados artificialmente por lo medios masivos de uno y de otro bando. Mi hija vivirá su amor en la España y la Sevilla de nuestros ancestros, donde ya lleva varios años como parte de la diáspora y mi amigo Heidel Rodríguez se hace claretiano en Guatemala para asumir su proyecto de vida religiosa como misionero donde al decir de su declaración leída con motivo de sus votos, se propone buscar las “mil maneras de solucionar tantas carencias que padece nuestra gente.” Los obreros son pocos, pero siempre y a pesar de todo aparecen de nuevo porque es voluntad divina del Dueño de la mies.” (Significo el hecho de que en San Juan de Letrán recuerde el mensaje de un joven claretiano, lo que es demostrativo el sentido esencial de mis pensamientos místicos) En resumen final, debo decirles que San Juan de Letrán ha sido y es un lugar físico, que bien pudiera considerar en mi intimidad algo así como lo que los teólogos denominamos un lugar teológico, que devino un centro de anuncio de los caminos a seguir, en donde resuena reiteradamente con un lenguaje espiritual que va directo a mis sentimientos y a la conciencia de mi ser interior, el mensaje místico de Juan el Bautista, cuando anunció: “Yo soy la voz del que clama en el desierto:’Enderezad el camino del Señor’ según dijo el profeta Isaías…” (Juan 1,23 versión Nácar, Colunga.). Estos conceptos en definitiva me llevaron a la lucha social abiertamente en un giro de la vida que comenzaré a explicar en el próximo capítulo. Finalmente les reitero mi correo electrónico con el propósito de que puedan trasmitirme dudas, criterios, opiniones y preguntas: fsautie@yahoo.com


